www.logiagenesis.com - Entrevista de Alain Pozarnik a Yves-Max Viton, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia.
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Entrevista de Alain Pozarnik a Yves-Max Viton, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia. Imprimir E-Mail
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Escrito por Yves-Max Viton   
lunes, 24 de marzo de 2008

Alain Pozarnik : El pasado mes de junio Yves-Max Viton fue elegido Gran Maestre de la Gran Logia de Francia. ¿Quién es Yves-Max Viton?

Yves-Max Viton : Buenos días. Estoy muy contento de haber sido invitado a intervenir esta mañana en France Culture. Hace 33 años que escuché por primera vez, y por puro azar, una de estas emisiones de «La Grande Loge de France vous parle». Lo conducía por entonces Henri Tort-Nouguès, ilustre Pasado Gran Maestre de la Gran Logia de Francia. Y fueron sus palabras de aquel día las que me animaron a dirigirme a la Gran Logia de Francia, en una de cuyas logias sería admitido algún tiempo más tarde. De ahí la emoción que me embarga hoy al responder desde este mismo medio a sus preguntas.

¿Quién es Max Viton? Un diplomado en estudios superiores económicos, el presidente de una sociedad aseguradora… Pero, ¿quién es realmente? Pues un humilde buscador que intenta penetrar en los misterios que sustentan ese diálogo permanente entre los hombres, el universo y los dioses. Como todos los franc-masones de la Gran Logia de Francia, un hombre afanado en la búsqueda de una identidad, de un valor profundamente humano más allá de las apariencias, por necesarias que éstas sean, y de las responsabilidades sociales que todos tenemos la obligación de respetar y de mejorar en lo posible.

“¿Quiénes somos?” Esa es, precisamente, la gran pregunta que el hombre se plantea desde los albores de la creación y que la tradición iniciática, transmitida a través de la Gran Logia de Francia, está en disposición de ayudar a responder.

A.P. : ¿Por qué los franc-masones de la Gran Logia de Francia lo han elegido a usted como su Gran Maestre?

Y.M.V. : Quizás porque tengo muchos proyectos. En primer lugar, y en lo que respecta a la tradición de perfeccionamiento del hombre a la que acabo de referirme, espero poder preservar, practicar y transmitir nuestro método iniciático a todos aquellos que quieran trabajar en la expansión de su conciencia para un mejor ajuste de sí con el mundo circundante. También porque, a partir de mi condición de empresario en la vida cotidiana, espero “administrar” la Gran Logia de Francia con criterios profesionales sin desatender el rigor y la transparencia que caracteriza a los buscadores de la verdad, magnificando los valores humanos e intentando ser más exigentes conmigo mismo que con los demás. Una gestión clara y sana de la Gran Logia de Francia permitirá a sus adherentes consagrarse con espíritu libre y tranquilo a los trabajos que realmente han venido a realizar en un sitio como el nuestro.

A.P. : La Gran Logia de Francia es, según sus palabras, una Orden Iniciática tradicional, como debería serlo la Masonería en su conjunto, a salvo –pues- de eventuales desviaciones de su auténtica misión. Pero, ¿cuál es esa misión de una Orden iniciática como la Gran Logia de Francia?

Y.M.V. : La Franc-masonería se define como una orden iniciática, tradicional y universal, fundada en la fraternidad.

Orden iniciática, que se concreta en una búsqueda espiritual que va abriendo progresivamente las vías del conocimiento.

Orden Tradicional, que se enriquece con las leyendas orales habidas desde los tiempos más remotos, algunas de las cuales darán lugar, con el transcurso de los siglos, al nacimiento de los grandes mitos de la humanidad.

Orden Universal, que se dirige a todos los seres humanos que buscan respuestas para las grandes preguntas existenciales.

La originalidad de la Franc-masonería consiste en su facultad para reunir hombres de la más diversa condición. Esa pluralidad hace que cobren certeza las bases de la ley moral sobre la cual todos los hombres de todas las etnias y de todos los países puedan mostrarse de acuerdo. Ley moral cuya universalidad definía Kant con el conocido precepto de su Crítica a la Razón Práctica: “ Actúa de tal forma que quisieras ver convertido el principio de tu acción en una ley universal ”.

Nos hallamos claramente ante la noción genérica del deber que, en nuestro caso, induce a una búsqueda de la espiritualidad. De esta vocación espiritual, que representa la particularidad de nuestra Obediencia, se deriva un deber moral para el franc-masón, un deber humanitarista, de vocación espiritual y exigencia humanista. Algo que, por supuesto, implica la apuesta por el espíritu, ese espíritu del que Emmanuel Berl decía que “ su naturaleza comporta que no sea siervo de lo que toma en cuenta sino de aquello que desatiende ”…

Todos aspiramos a vivir con mayor felicidad, con más alegría, con más fraternidad, en una palabra, a vivir simplemente con más Amor. Pero la vida está hecha de tal forma que, con frecuencia, el hombre se siente en peligro, inquieto ante su futuro; a veces se inclina incluso a ser rudo, agresivo, aunque esa lucha le depara siempre un cierto sabor a insatisfacción. El hombre quiere mejorar el mundo, pero no siempre sabe cómo pasar del seguimiento gregario de sus instintos a esa armonía esencialmente humana que debe corresponderse con su auténtica profundidad.

Ninguno de los grandes ideales, ni siquiera los más maravillosos, nos ha reportado esa felicidad de la que se decían portadores. ¿Cómo encontrar esta paz y esta sabiduría? ¿Cómo hacer evolucionar las conciencias para realizar nuestro potencial humano, para dar con un poco de esa felicidad a la que todos aspiramos? Todos: elemento capital que vendría a atemperar la reflexión de Spinoza: “ La felicidad es una ilusión peligrosa cuando se la hace depender de lo que no depende de uno mismo ”.

Despertar la conciencia, contribuir al progreso del hombre y de la humanidad sin recurrir a la coherción, pasando de las tinieblas de la ignorancia a la luz del conocimiento: esa es la increíble misión que corresponde al orden iniciático tal como lo concibe la Gran Logia de Francia.

A.P. : Para cumplir esta maravillosa misión la Gran Logia de Francia trabaja preferentemente el método del Rito Ecocés Antiguo y Aceptado. ¿Cuál es la aportación originalidad de tal método?

Y.M.V. : Lo que denominamos Escocismo es la confluencia de dos voluntades. Una voluntad iniciática, que viene a significar la obligación de no contentarse nunca con las formas y las apariencias e intentar abrir los ojos al espíritu a través de la búsqueda de la verdad, a través de un viaje inmóvil del ser hacia la luz que, inconscientemente, el mismo espíritu ya porta en su seno.

Y, simultáneamente, una voluntad de perfectibilidad humana, una fe decidida en el hombre y en su capacidad de progresión hacia el bien, hacia el conocimiento.

Aún a riesgo de causar alguna decepción, no hay poderes ni sabidurías ocultas en la Franc-masonería. Por el contrario, cada franc-masón asume el compromiso de lograr mayores cotas de independencia de espíritu y de libertad, a través de una vigilancia y una atención sostenidas. Entre nosotros se tiene la ocasión de experimentar, de profundizar, de conocer por sí mismo. El método simbolista del Rito Ecocés Antiguo y Aceptado ofrece la posibilidad de construir escalas y tender puentes entre el hombre individual y el hombre realizado.

A.P. : Si ese método es tan extraordinario, ¿cómo se explica que aparezcan con cierta frecuencia en la prensa referencia a actos indeseables cometidos por franc-masones?

Y.M.V. : Es una pregunta muy legítima. Aunque con sus 27.000 miembros la Gran Logia de Francia se ha visto implicada en apenas un par de ocasiones en estas cuestiones, por lo que no nos sentimos particularmente concernidos por unos comportamientos escandalosos que consideramos ajenos y que, en todo caso, suelen ser inflados por una prensa ávida de escándalos susceptibles de aumentar sus ventas. Con todo, creo que desde hace dos años la Franc-masonería en general ha hecho una buena “colada” en sus filas y ha sabido mostrar al público su verdadero rostro: de espiritualidad, de reflexión, de trabajo ejemplar. En fin, hay que aceptar que un hombre que entra en la Masonería no queda por ello inmediatamente transformado, como por obra de un milagro. Recibe, eso sí, los elementos que le permitirán perfeccionarse a sí mismo; pero hacen falta años de esfuerzo y de trabajo antes de hacerse un poco más sabio. El camino es largo, en ocasiones caótico, pero lo importante es el esfuerzo, el deseo de llegar a ser de otra manera…

Estar en el camino no significa haber llegado a la meta. Ahora bien, lo que para nosotros no es en modo alguno admisible es la aceptación consciente y deliberada de la malversación, la intolerancia y el atentado contra la fraternidad. Otra cosa es la caída accidental, tan natural como la mano que se tiende para levantarnos y ayudarnos a proseguir. Los signos (“marcas”) exteriores de un Masón que se halla en el camino son la fuerza, la belleza y la sabiduría, aliados a la temperancia, la determinación y el amor.

A.P.: La decisión de emprender el camino de la búsqueda y el conocimiento iniciático de la Gran Logia de Francia, camino difícil y caótico según sus mismas palabras, ¿qué cambios conlleva en la vida cotidiana de sus nuevos adherentes?

Y.M.V.: La respuesta sería infinita. Harían falta muchas horas de emisión para poder responderle; pero a través de los que hemos ido diciendo, ya se pueden percibir algunos esbozos.

El hombre se pregunta quién es, cuál es el sentido de su vida y la manera de asumir ese sentido mientras otros sentidos conexos lo distraen de la cuestión principal, lo reclaman y lo desvían. El hombre siente, también, que dentro de su cuerpo de mamífero, con sus legítimas exigencias, existe un Ser interior que posee esas cualidades humanas que él mismo desearía poseer.

Dar sentido a la vida sin abandonar las responsabilidades hacia su ineluctable condición material: eso es lo que la Tradición Masónica ofrece a los hombres.

Hasta alcanzar la edad adulta todos nos alimentamos con bienes materiales, saberes y emociones; pero cuando culmina la construcción de su cuerpo físico el hombre aún no está completo y aún debe adquirir una dimensión humana, debe pasar desde el dominio zoológico al espiritual. Nosotros proponemos una vía para lograr esta culminación; una vez alcanzada, todo el sentido de la vida cambia, en los términos del espíritu y de la acción.

A.P.: ¿Qué puede aportar el método para el despertar de la conciencia practicado en el seno de la Gran Logia de Francia de cara al futuro del hombre, de la sociedad y de la humanidad, de cara a las dudas y preguntas de nuestra actual civilización?

Y.M.V.: Creemos que, hoy más que nunca, la sociedad en su conjunto está en crisis, que carece de todo valor moral y de valores religiosos, salvo para desencadenar violencias extremas. Mientras las tecnología progresan y las ciencias rebosan con nuevos descubrimientos, el hombre no evoluciona; se diría incluso que la civilización retrocede, que el Templo de la humanidad se desploma.

En nuestros círculos de búsqueda y de estudio se dan cita no sólo los valores humanos que han dado lugar a las grandes civilizaciones, entre ellas la nuestra, sino también, y sobre todo, está presente un método de transmisión, pare el despertar de los corazones y de los espíritus. Por eso ha llegado el momento de sacar nuestra “ciencia de la humanización” desde nuestros círculos hacia el exterior.

A.P: Es cierto que la sociedad le debe muchas cosas a la Masonería. Con frecuencia se cita la instauración de la seguridad social, la legalización de los métodos de contracepción, la defensa de la laicidad… ¿Qué podemos esperar de ella para el mañana?

Y.M.V. : La laicidad ha saltado hoy a un primer plano, aunque lo esencial de ella es que permite mostrar cómo un hombre que ha sido liberado previamente por el orden iniciático es capaz de actuar en favor de la libertad de los otros hombres y del mundo en su conjunto.

La laicidad, en los términos en que nosotros la entendemos, es la coexistencia de la libertad de pensamiento y de sus posibles prácticas, la prevalencia del derecho del individuo sobre el de la comunidad, dentro de un marco de respeto hacia los grandes principios democráticos y de la primera máxima de la moral cartesiana: “obedecer las leyes de su país” o, como diríamos en nuestros días, “respetar las leyes y las costumbres de los países que se visiten o que nos acojan”.

Pero es la objetividad de la laicidad (noción puramente occidental cuando no típicamente francesa) lo que verdaderamente preocupa en nuestros días.

Para nosotros, la laicidad consiste en ofrecer, a los individuos en general y a las mujeres jóvenes en particular, la posibilidad de adquirir la fuerza y el poder necesarios para convertirse en los autores de sus propios pensamientos, sin más influencia ni interferencia determinante a la hora de elegir el sentido de sus acciones, permitiéndoles prescindir de gurús y de cualquier autoridad distinta a sí mismos por más que puedan presentarse como de inspiración trascendental.

El objetivo de la laicidad es, pues, que los jóvenes de hoy en día aprendan a sustraerse a cualesquiera fuerzas que obstaculicen la consquista de su autonomía y la construcción de su personalidad.

Nuestra condición de ciudadanos y nuestra adhesión al ideal masónico se unen una vez más para sentar las bases de la República. Sin embargo, es indispensable, y es el desafío de estos comienzos del nuevo siglo, que nuestra sociedad favorezca el diálogo inter-religioso, en la medida en que de él se deriva claramente una condena de toda forma de fanatismo o de terrorismo. Eso no excluye la enseñanza de la historia de las religiones en las escuelas; pero tal diálogo, tal enseñanza, han de permitir también un espacio para las concepciones no religiosas del mundo.


Nuestra preocupación por la “humanitud” del hombre es la de siempre pero nuestros objetivos son diferentes, ya que los nuevos peligros procederán del modo en que evolucione nuestra civilización y la tarea de la Gran Logia de Francia no es otra que la de situarse en vanguardia, en una actitud prospectiva, y no la de dormirse en sus viejos laureles o la de limitarse a los grandes discuirsos.


Nosotros participamos en la sociedad civil en un ámbito situado entre el poder político y el poder económico. Este ámbito es el campo de la cultura; a través de la reflexión colectiva, de la confrontación de los diferentes puntos de vista y de las experiencias individuales que se produce en el seno de los atelieres de la Gran Logia de Francia, obtenemos un sentido y fijamos nuestra identidad; depende de nosotros afirmarlas con la suficiente fuerza como para que nuestras propuestas lleguen a los verdaderos actores de las esferas política y económica.


Hemos de cuidar que los contenidos culturales que se derivan del proceso de mundialización en marcha no conlleven la instalación de una monocultura mundial, preservando los ecosistemas culturales, cualesquiera que sean nuestros horizontes. La tolerancia y la fraternidad no son otra cosa que las consecuencias y los frutos de un mutuo compañarse en la lucha por la progresión del espíritu hacia la Luz.

Entrevista concedida el pasado 16 de noviembre de 2003 al programa “La Grande Loge vous parle”, en la cadena pública de radiodifusión “France Culture”.

Versión española autorizada por la Gran Logia de Francia.
 
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