| Alberto Durero (1471-1528), hijo del grabador y orfebre Alberto Durero “El Viejo”, de origen húngaro, nació en el seno de una familia de dieciocho hermanos. A la edad de trece años dibujó su primer autoretrato y poco después se inició en el arte pictórico con el eminente Maestro Wohlgemut. Emprendió a continuación un viaje de aprendizaje y perfeccionamiento desplazándose a Colmar, donde se hallaba el renombrado taller de grabado de los hermanos Schongauer, pasando de allí a Basilea y Estrasburgo. A su regreso a Nuremberg, en 1495, se dedicó a la grabación sobre madera y papel (libros), entrando al servicio del emperador Maximiliano de Habsburgo. La más famosa de sus xilografías es, tal vez, la conocida como “El Apocalipsis”. Retrató magistralmente a Maximiliano, al banquero Jacobo Fugger y al cardenal Alberto de Brandeburgo, entre otras personalidades de su tiempo. Su más notable autoretrato puede contemplarse en el Museo del Prado.
|
En 1520 se estableció en Amberes, de donde pasó a Bruselas. Allí contrajo malaria, lo que le movió a regresar a Nuremberg, falleciendo en 1528. Dejó escritas numerosas obras sobre matemáticas y pintura. Durero dió al tema de la perspectiva geométrica en el arte pictórico un relieve que hasta su época nadie había expuesto como él, destacando especialmente su “Tratado de las proporciones del cuerpo humano”.
Wiliwald Pirckheimer fue quien le introdujo en el círculo de humanistas de Nuremberg, permitiéndole así entrar en contacto con artistas y pensadores muy notables de su época. Durero , en su “Arte de medir”, remitía al lector a las prácticas de los masones operativos para el aprendizaje de la Geometría. En la misma obra, exponía un procedimiento sencillo para realizar una cuadratura del círculo casi exacta.
DEDICATORIA DE DURERO A W. PIRCKHEIMER DE SU LIBRO “UNDERWEYSUNG DER MESSUNG” (traducido al francés, bajo el título “EL ARTE DE MEDIR” por Edit. Flammarion-Paris-1995)
A mi muy querido maestro y amigo, el Sr. Wilbolden Pirckheymer, yo, Albrecht Dürer, deseándole salud y prosperidad.
<< Amable señor y amigo: en nuestras tierras alemanas, se han dedicado al arte de la pintura muchos jóvenes hábiles a quienes solo la práctica cotidiana ha ido instruyéndolos y enseñánoles los fundamentos. Han crecido así, ininteligentemente, como el árbol salvaje que no ha sido talado. Algunos de ellos, a fuerza de ejercitarse, han llegado a la maestría en el dibujo a mano libre y han creado obras con fuerza, pero faltas de reflexión y hechas a su modo. Mas cuando cuando los verdaderos artistas han visto tales obras, no meditadas, se han reído (no sin razón) de la ceguedad de esos pintores. Ciertamente, nada desagrada más a un espíritu ilustrado que la falsedad reflejada por un cuadro, incluso si se ha pintado con gran dedicación. Que esos pintores se complazcan en el error es la única razón que les ha impedido aprender el arte de la medida, sin el que no hay ni habrá ningún verdadero artesano. Pero de ello tienen asimismo culpa sus maestros, que tambien ignoraron ese arte.
Como es el auténtico fundamento de toda pintura, me he propuesto enseñar sus elementos a los jóvenes ávidos de aprender su arte y motivarles para adoptar la regla y el compás para que sepan reconocer la verdad real cuando la tienen ante sus ojos. Con ello, no solo se estimularán en el conocimiento de su arte, sino que adquirirán tambien una capacidad de análisis más segura y más profunda. No he dado importancia al hecho de que, entre nosotros, hay quienes desprecian profundamente el arte pictórico por pretender que solo sirve a la idolatría, ya que un cristiano no se verá más arrastrado a la superstición por cuadros e imágenes de lo que pueda verse un hombre piadoso al asesinato por el mero hecho de llevar una espada al cinto. ¡Habría que ser muy poco razonable para adorar un cuadro de madera o de piedra! Un cuadro, cuando se ha ejecutado con arte y decencia, hace más bien que mal. Los libros antiguos dan fe del honor y el respeto que tuvieron los griegos y los romanos por el arte. Sin embargo, aquel arte se perdió luego, quedando escondido durante mil años, hasta que los italianos lo hicieron resurgir, hace apenas doscientos años. Las artes se pierden con facilidad, pero es mucho el esfuerzo y el tiempo necesarios para redescubrirlas. Así que cabe esperar que ningún hombre con sentido común censure mi proyecto y mi enseñanza. Con buena voluntad, será provechosa para todos los que desean aprender este arte: los pintores, pero tambien los orfebres, los escultores, los talladores de la piedra, los carpinteros y todos aquellos cuyo trabajo se base en las medidas. Nadie está obligado a aceptar mi enseñanza. Pero sé que quien la acepte no se limitará solamente a captar los principios, sino que, si los aplica habitualmente, logrará una comprensión más profunda, proseguirá investigando y encontrará más de lo que yo indico aquí.
Como sé, mi generoso maestro y amigo, que sois amante de todas las artes, os he dedicado este libro por el especial afecto que me une a vos; no porque desee mostraros nada grande o excelente, sino para que podais apreciar la fuerza de mis sentimientos y mi buena voluntad. Aun cuando mi obra nos os sea de provecho, sabed que mi corazón me impulsa, en todo momento, a tratar de compensaros por los favores y el cariño que me mostrais >>.
|