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Escrito por Georges Dumézil   
lunes, 24 de marzo de 2008

"La francmasonería de los Bonaparte" por François Collaveri (Éditions Payot. Paris)

 

 

…La vida de las logias bajo el Consulado y el Primer Imperio no ha merecido el mismo interés, por parte de los historiadores, que, por ejemplo, el período que precedió a la Revolución. Collaveri ha pensado, por el contrario, que había mucho que decir sobre el período imperial: patrocinada por el Emperador, colocada bajo la autoridad de sus hermanos, de sus parientes y  de sus más próximos colaboradores, incluyendo en su seno a muchos mariscales y a los más altos funcionarios del Imperio, la Masonería se encontró asociada a la política del gobierno hasta el punto de perder su independencia y, por ello, jugó un papel importante durante todo el reinado.

En una primera parte, el autor nos expone las dificultades a través de las cuales la masonería renació de sus cenizas tras la Revolución, buscando y consiguiendo protectores. Napoleón había pensado prohibirla. Finalmente, la admite, la estimula y unifica las Obediencias. Hubo una especie de pacto tácito entre ella y él: a cambio del derecho a existir, se convirtió en un instrumento del poder. Francóis Collaveri nos muestra las formas que adoptó entonces el “culto de la personalidad”. Sin embargo, en principio, aquella actitud casi generalizada no era de servilismo. Tras la crisis revolucionaria, cuyas violencias habían sido algo así como inauguradas con el suplicio de la princesa de Lamballe, Gran Maestra de las logias femeninas de Adopción, parecía que el fundador de “la cuarta raza”, sustituyendo a los Capetos, aparentemente agotados, iba a realizar el deseo confesado de tantos filósofos: el establecimiento de una tiranía justa e ilustrada; la asociación razonable del orden y de la libertad. En las logias en las que se codeaban la antigua aristocracia adicta y la más reciente nobleza, los revolucionarios cultivados y los herederos inteligentes de la tradición monárquica, los sueños de igualdad y de fraternidad obtenían todo su sentido. Fue necesaria la generalización de la guerra y, después, los grandes reveses de España y de Rusia, para truncar ese sueño y preparar a la masonería para unirse al Capeto restaurado, al prudente Luis XVIII, que, alimentado por el siglo de las luces y madurado por duras pruebas, además de iniciado desde hacía largo tiempo, parecía poder gestionar, tras algunas incertidumbres y con el menor costo, el nuevo orden social.

La segunda parte del libro – quizá la más nueva – hace revivir las logias que fueron creadas en Europa en el seno de las unidades militares y de las administraciones imperiales….

Existe ahora un depósito de archivos masónicos cuya importancia es útil destacar. Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el Gran Oriente de Francia y, en menor cuantía, el Supremo Consejo de Francia, entregaron a la Biblioteca Nacional de Paris sus más antiguos archivos, desde los comienzos de la masonería francesa hasta el siglo XIX. Un hombre apasionado por la masonería, Jean Baylot, legó a la misma Biblioteca sus colecciones personales. Hay allí miles de expedientes, ya clasificados y fácilmente utilizables, que constituyen una mina de información: actas de los órganos directivos y de las logias, listados de sus miembros, circulares internas, correspondencia, discursos, informes, impresos.

François Collaveri ha explorado esos documentos y muchos otros, conservados en las sedes de las organizaciones masónicas y en diversas bibliotecas, públicas y privadas, en Francia y fuera de Francia, sin olvidar los Archivos Nacionales y los expedientes del Quai d’ Orsay….Los textos originales aparecen abundantemente reproducidos en el libro de Collaveri. Los debates mantenidos en logia a los que se hace referencia, traducen los sentimientos a menudo mezclados – de entusiasmo, confianza, inquietud, esperanza, resignación -  que desde el principio al fin hicieron posible, en Francia y en Europa, la aventura napoleónica….

 
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