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Antonio Coen (1885-1956) fue un extraordinario francmasón. Su memoria perdura indeleble en la Gran Logia de Francia, en cuya R. Logia “Minerva” fue iniciado en 1909, ocupando luego en la Obediencia diversos cargos hasta su inesperado fallecimiento, muy poco después de haber sido elegido Gran Maestre. Siendo joven, se afilió al partido comunista francés, abandonándolo poco después, al exigirse a sus miembros la ruptura con la Masonería (1926). En su calidad de abogado laboralista, ejerció durante mucho tiempo en la Confederación Nacional de Trabajadores como defensor de los sindicalistas franceses. Hombre de extraordinaria sensibilidad, la obra literaria de Antonio Coen, amén de sus numerosos artículos y conferencias, se centró sobre todo en torno a dos temas: la “Francmasonería escocesa” – síntesis histórica de la Gran Logia de Francia, redactada junto con Dumesnil de Grammont en 1934 – y los trabajos en torno a Dante Allighieri. La investigación histórica contemporánea puso de relieve la pertenencia de Dante a la sociedad iniciática “Los Fieles del Amor”. En 1294, con anterioridad a la “Divina Comedia”, escribió el ilustre florentino su poema "Vita nuova”, en 42 capítulos, a cuyo estudio y comentario dedicó Antonio Coen especial atención durante años. Guenonista de gran profundidad, fue Coen también cofundador de la famosa Logia “La Gran Tríada”. Traducimos, a continuación, el texto del testamento masónico que escribió la víspera de su muerte (y amablemente facilitado por nuestro M.Q.H. Claude Gagne) : Disposiciones materiales: 1ª .- Incineración, si no es muy oneroso. 2ª.- Ruego, a quienes deseen enviar flores o coronas, que, en lugar de ello, depositen en el Tronco de Beneficencia de la Gran Logia de Francia el importe de las mismas. 3ª.- Que no haya discursos, salvo que sea en una Tenida de duelo, si se celebra más tarde, estando presente Mado * y preguntándole los nombres de los profanos que desee que asistan. Sé que los Hermanos se cuidarán de ella, que se sentirá muy desdichada. Queridos Hermanos: No es usual que un Hermano pasado al Oriente Eterno se dirija a sus Hermanos el día de una Tenida fúnebre dedicada a celebrar su memoria. Lamento que no exista esa costumbre, ya que, por lo general, se está más dispuesto a escuchar a los muertos que a los vivos. Lo que quiero deciros es que la vida masónica, cuando se desarrolla en el amor y el esfuerzo, aporta al masón un mayor equilibrio. El más allá no debería inquietar a un asiduo de nuestros Templos y nuestras disciplinas, del mismo modo que vosotros no debéis afligiros por un hecho tan banal como es la desaparición de un viejo masón. Como Escuela de vida y de muerte, la Masonería os ha enseñado la certeza de las separaciones materiales. Cada uno de nosotros aportó menos de lo que haya podido y debido aportar; pero cada uno de nosotros habrá aportado algo antes de desaparecer. Si la vida entera no representa más que un átomo de cemento que une y unirá nuestras piedras, ese átomo queda integrado como necesario en el edificio. Sé que nuestros ritos exigen una batería de duelo y, respetuoso de los símbolos, creo que es necesario que la realicéis. Pero antes de que hacerlo alejad de vosotros todo dolor opresivo. Hay que vivir y vivir plenamente, con la alegría en el corazón y la maceta en la mano; siempre insatisfechos con la insuficiencia de nuestra obra, pero siempre más apasionados por reanudarla y cumplirla. A trabajar, Hermanos. Gloria al trabajo * Su querida esposa.
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