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Hugo Pratt, el creador de Corto Maltés, pertenece a ese círculo ya de por sí restringido de los dibujantes de historietas verdaderamente creativos, capaces de elevar el trazo gráfico y la vena narrativa a vértices estéticos inaccesibles para la mayoría de los profesionales de ese oficio. Pratt encarna también un ideal de artista, del artesano-artista tan respetado y casi celebrado por los enciclopedistas franceses. En efecto, tanto Diderot como D´Alembert admiraban profundamente a aquellos artesanos nacidos de una cultura que se entregaba con un mismo interés a las ciencias como a las artes y unían a su capacidad manual y técnica esa intuición metafísica que está presente en el verdadero arte. Este ideal, que se identifica con las obras artísticas del setecientos y que ha sido legado a las tradiciones iniciáticas del Compañerismo y de la Masonería, se realiza por completo en Hugo Pratt gracias una búsqueda que, en su caso, asocia la producción artística con una peculiar visión del esoterismo; una visión estrechamente unida a su poética y sin la cual ésta se torna sólo parcialmente inteligible. Corto Maltés, el personaje más conocido e importante de Hugo Pratt, es un buscador, un hombre en perenne persecución del espejismo de las riquezas mundanas, indagando las pistas que se esconden en las antiguas leyendas y los pergaminos indescifrables. Sólo en muy raras ocasiones la riqueza material de Corto crece gracias a la reventa de los objetos míticos que ha ido encontrando en su camino; a pesar de todo, él nunca pierde su imperturbabilidad y parece darse por satisfecho con los extraordinarios encuentros y las extraordinarias aventuras vividas en toda la extensión de la tierra conocida. Así, cuando en una entrevista concedida a Dominique Pettifaux éste se refiere a que los tesoros que busca Corto Maltés son siempre de índole material, Pratt protesta vigorosamente: es muy distinto buscar una esmeralda cualquiera que buscar la “Clavícula de Salomón.” Corto Maltés tiene también un encuentro con la Masonería. En la aventura “Fábula de Venecia” Corto, y no precisamente por casualidad, irrumpe en plena reunión de una logia masónica y se dirige al Venerable Maestro que la preside con algunas palabras pertenecientes al ritual, sugiriendo de este modo su presumible condición masónica. Aunque a la fórmula: “¿Sois también vos un albañil libre (franc-masón)?”, Corto responde con ironía que él se contenta con ser un libre marinero. Hay mucho del Pratt iniciado en esta simple e irónica respuesta. Él mismo ingresó en la Masonería poco antes de redactar su “Fábula de Venecia”, obra para la cual solicita y obtiene el asesoramiento de otros masones. El Prefacio de la primera edición de este álbum fue escrito por el Venerable Maestro de la Logia veneciana en la que Pratt fue iniciado (*) y a la que permanecerá afiliado durante mucho tiempo (Pratt fue iniciado el 19 de noviembre de 1976 en la Logia Hermes, perteneciente a la Gran Loggia d´Italia –Palazzo Vitelleschi- en el Oriente de Venecia.) Pratt comparte en gran medida los ideales esotéricos de la Masonería aunque formula una interesante crítica hacia la Institución, tanto en el álbum mencionado como en una entrevista posterior: el masón carece de ironía y eso lo convierte en un personaje triste. En la visión de Pratt, edificar “templos a la virtud y sombrías prisiones al vicio” (la fórmula explícitamente recordada en “Fábula de Venecia”) es una tarea que puede ser llevarse a cabo con una sonrisa en los labios sin resultar por ello en menos comprometida. La ironía se convierte de este modo en el instrumento poético que le permite introducir el mundo esotérico en el relato, un mundo que presentado de otra forma podría llegar a ralentizar o espesar la trama de la historia o a convertirla en demasiado pretenciosa. Se diría que Hugo Pratt, a través de Corto Maltés, ha encarnado la máxima: “hombre soy y nada humano me es ajeno”. Todas las culturas expresan la propia tradición con la misma dignidad. Hugo Pratt ha llegado a afirmar que la Masonería y la Macumba, que proceden de tradiciones absolutamente irreconciliables en apariencia, surgen a partir de la común exigencia del hombre por acercarse al mundo espiritual. Pratt siente una profunda vocación esotérica (que ha encontrado en la historieta uno de los medios de expresión más típicamente característicos del understandment), alimentada por una sólida tradición familiar (tanto el abuelo como el padre del creador de Corto Maltés fueron a su vez masones.) Se trata de una vocación que, siguiendo en cierta manera el ejemplo de su personaje favorito, lo ha llevado a perseguir las huellas de los grandes iniciados a lo largo de todo el mundo (visitando, por ejemplo, la propia tumba); siempre en pos de aquel ideal de la búsqueda que –como Lessing enseñaba- es preferible a la posesión misma de la Verdad. Extraído del artículo “Pratt. O dell’Iniziato ironico”, firmado por el Servizio Biblioteca del Grande Oriente d´Italia (www.grandeoriente.it) (*) NdT: El prefacio de la edición española (“Fábula de Venecia”, TOTEM Comics. Barcelona, 1978.) es posterior y viene firmado por el propio Hugo Pratt. Sin embargo, en la portada de este álbum aparecen de manera muy explícita las siglas masónicas A L.: G.: D.: G.: A.: D.: L.: U.:
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